Regreso al Futuro
Como ya iba siendo hora de hacer uno de
esos tremendos post a los que no os tengo demasiado acostumbrados, que
mejor hacerlo sobre ‘Regreso al Futuro’. Una de esas trilogías que hemos visto y hemos disfrutado como niños, incluso en pleno siglo XXI. Por qué decirme, quien
de vosotros no querría para si mismo un “Delorean” que ademas de volar,
te puede llevar a esa fecha en la que te hubiera gustado estar?
Bien, pues si quereis “Regresar al futuro”, tomad nota, porque primero se necesita un coche, y no vale uno cualquiera. Tiene que ser un “Delorean”, coche que aunque no conocieramos antes, a raíz de esta película se hizo mucho más que famoso.
Pero bien, podemos tener el coche
y ¿de qué nos serviría? Pues más bien de poco, porque necesitamos ese
“aparatejo” que hace que nos podamos desplazar por el tiempo
(no nos engañemos, el coche es el artilugio donde vamos sentados, que
bien podíamos ir sobre una bañera con pedales). Entonces, lo siguiente a
tener en cuenta (vamos, que hay que buscar y conectar todos sus cables)
es el famoso “Condensador de fluzo”.
Pero tened mucho cuidadito con las
conexiones, porque en lugar de viajar al pasado o al futuro, podriais
viajar a otro planeta, y de eso hablaremos otro día. Además, no
se os olvide robar un poco de Plutonio a los libios (también vale
cualquier otro país) porque sino la máquina no va a funcionar, y cazar rayos es un poco complicado.
Si lo habeis conseguido todo, y bien conectado, no lo dudeis, abandonad el post y salid en busca de aventuras. Quizás
podais ver a vuestros padres cuando se conocieron, o podeis ser un poco
mas “temerosos” y adentraros un poco mas en el pasado y llegar a la
época jurásica, o bien luchar en la “Guerra de los Cien Años”.
Pero si por mucho que habeis buscado no lo conseguisteis, preparaos para
el viaje al que nos llevó Robert Zemeckis hace mas de 20 años.
Todo comienza en 1985. Un científico loco inventa una máquina del tiempo que necesita de Plutonio para poder
funcionar (el coche va con gasolina, de eso no os preocupeis). Pero
cuando le esta haciendo su “presentación” a su amigo Marty McFly,
aparecen los libios (a los que había robado el Plutonio, ya que no es
nada fácil de conseguir) y Marty huirá en el coche, sin darse cuenta que esta preparada para funcionar y llevarle al “pasado”. Precisamente al día en el que al buen doctor (Doc) se le ocurrió la idea de la máquina del tiempo.
Después de problemas varios, conseguirá dar con el Doc del pasado, previo atropello por parte de su abuelo y haber chafado el “encuentro” de sus padres. Pero el problema para que Marty regrese a su “época” está en la cantidad de energía que necesita el coche para funcionar. 1,21 Gigowattios es
la cantidad de energia que le daba el plutonio al condensador, pero hay
otra elemento que proporciona la misma energía. Un rayo. Y eso de cazar
rayos, esta tan complicado como conseguir Plutonio, a no ser
que vengas del futuro y sepas en que momento exacto de la historia de
Hill Valley va a caer un rayo y donde. Y eso lo sabe a la perfección
Marty McFly (no en vano, en la trilogía el Reloj de la Torre será un
elemento fundamental).

Así que después de que haga que su padre
sea menos pusilánime y le plante cara al “malo de la película”, que su
madre deje de estar “enamoradísima” de él, y se haga un solo de guitarra
tocando Johnny B. Goode (de Chuck Berry, el que está al otro lado de la
línea de teléfono), y tras un gran esfuerzo por parte de Doc, regresará de nuevo al futuro, a salvo en su casa, con su novia, y con alguna que otra cosa cambiada al futuro al que vuelve.

Y así llegará Regreso al Futuro, Parte II. 4
años después de la original. Con un Michael J. Fox al que parece que no
le habían pasado los años, ya que con “treintaytantos” volvía a
reencarnar al adolescente McFly (y unos cuantos papeles más). Se rodaron
a la vez la Parte II y la Parte III, y se estrenaron con un año de
diferencia. En la segunda, Doc viene del futuro (este si que era un futuro, ya que se situa en 2015) para pedirle a Marty que le ayude porque su familia acabará destruida a causa un hecho de lo más tonto. Allí, Marty se verá las caras con su hijo y con el hijo del malo de la película anterior.

Y como el estar en el futuro es un hecho que no se puede pasar a la ligera, quién
no querría hacerse millonario sabiendo las combinaciones del Euromillon
o la Primitiva. Pues aqui la solución es el famoso “Almanaque
Deportivo”, que Marty intentará llevarse para hacerse
millonario (lo que haríamos todos!!!!!). Doc lo descubrirá y hará que se
deshaga de él, pero para eso esta el malo de la primera, que en un
despiste de los protagonistas viajará al pasado para dárselo a si mismo
más joven. Esto hará que el 1985 que Marty conoce cambie, y por tanto no sea el 1985 al que pensaba regresar.
Mención especial al monopatín que tambien se repite en las 3 películas,
y con el que Marty consigue ganar siemper a Biff y utilizarlo para
salvar a la “dama en apuros” de la tercera parte.

Allí, su madre se ha vuelto a casar, con Biff
(el malo de la película, claro). Su padre esta muerto. Así que
intentará saber que ha pasado con este presente tan raro, y descubrirán,
él y Doc que la culpa la tiene el “Almanaque”, por lo que intentarán recuperarlo a toda costa,
para que las cosas vuelvan a ser como antes. Eso les hará viajar de
nuevo a 1955, volviendo a la fiesta del “Encantamiento bajo el mar”.
Todo un acierto por parte de Zemeckis, porque aunque parezca un lio no
lo es.
Y una vez que parece que esta
resuelto el “desaguisado” sobre el tiempo, nos encontramos en la tercera
película, donde Doc ha muerto en 1885, sólo unos meses después de que
acabara allí. Y como ahora el “Delorean” no necesita de
Plutonio ni rayos para funcionar, sino que con un convertidor de basura
es suficiente, Marty se dispone a regresar de nuevo al pasado, al viejo Oeste, a ayudar a su amigo.
El reloj, como parte central de la historia esta vez en el “salvaje Oeste”. Se volveran a enfrentar con la familia Tannen, esta vez el bisabuelo, “Perro Rabioso”.
Y si esta vez, no llega a comer “estiercol”, si que acaba en algo casi que peor (un escupidero de esos antiguos). Volvemos
a tener el mismo patrón que en las anteriores, pero ahora el bueno de
Doc se enamora, se emborracha, hay un duelo de pistolas, y como aunque el ”Consensador de Fluzo” si que funciona, no existe la gasolina,
se tienen que arriesgar un poquito más para poner en marcha la máquina
del tiempo, haciendo al final que sea empujada por una locomotora en
línea recta a velocidades que hasta ese momento no se habían alcanzado.
Al final, todo queda destruido
una vez que Marty por fin regresa a casa. La máquina del tiempo ya no
existe, Doc se queda en el ”salvaje Oeste” y el con su novia, forjándose
su propio destino. Pero, viendo los restos del coche un tren invisible hará su entrada en escena.
Por lo que descubrirán que Doc siguió trabajando, aunque no fue lo único que hizo. Y así se despedirá esta inolvidable trilogía que debería formar parte de cualquier filmóteca de cinéfago que se precie.
Robert Zemeckis hizo una historia que no cojeaba por casi ningún sitio (las paradojas cuando se habla de tiempo son inevitables, por lo que no se le debería “buscar tres pies al gato”). Los efectos especiales, para los años que corrían (recordemos, 1985, 1989 y 1990) salían bastante bien y eran los justos y precisos, nada de “bombo y platillo“.
Lo mejor casi es el ver a los
mismos personajes sea la época que sea, los guiños a otras películas, el
ver lo que realmente haríamos si estuviésemos en esa situación. Lo
peor…aún no lo he encontrado.